Melodía y el estudio de Marcos Chacón

Las anécdotas del estudio de Marcos eran multiusos, hay hubo mucha tripeadera, cuando nosotros nos estábamos iniciando en esto de la música que éramos unos adolescentes, ya Marcos tenía unos 50 y tantos, pero él tenía un espíritu mucho más joven que nosotros. Hay una historia de la Gibson que él tenia, era una tremenda guitarra, una Gibson 25 aniversario, lo único que se le hacía era cambiarle la cuerdas, no se descalibraba, una potencia en los micrófonos increíble, y una versatilidad, si es que se puede decir que tiene un defecto es que, como toda Gibson era muy pesada, pero Marcos estaba súper acostumbrado a esa guitarra, y aparentemente no le pesaba, si cualquiera que no tuviese la costumbre de usarla la agarraba la tenía que tocar sentado porque te reventaba la espalda; Era una guitarra que proporcionaba un sonido brutal, increíble para hacer solos porque inspira bastante.

Reconocimiento

En su estudio se veía gente de todos lados, y cuando hacía falta un músico pues claro que él era el punto de conexión, de ahí salieron muchos proyectos. Esta banda necesita un guitarrista o necesita un bajista, y él era esa conexión de la gente para que los proyectos arrancaran, y muchos de esos proyectos funcionaron.

Como Maracayeros, vemos como teníamos ese tipo de genialidades tan cerca, y que quizá no valoremos de la mejor manera, muchas veces le damos más valor a músicos de Caracas o Valencia,  o cualquier otra ciudad, o internacionales, más que esos talentos propios con genialidades fuera de lo común, que incluso a veces les tocan luchas durísimas, en lo económico por ejemplo, para seguir con sus labores.

Claro, en su tiempo Marcos recibió mucho reconocimiento con su banda, estuvo girando muchísimo, recibieron el apoyo de los medios de comunicación, grabaron discos, participaron en la Película Rock Venezolano, junto con bandas como Tempano, Resistencia y La Misma Gente, incluso compartieron escenario con Dare Force (USA) en Barquisimeto y Maracaibo.

Melodía

Corren los finales de la década de los 90s una tarde cualquiera donde habíamos reservado para ensayar en el estudio de Marcos Chacón, por allá en la arboleda en Maracay. Llegamos temprano al ensayo, las ganas de hacer música eran muy grandes. Entramos todos juntos a la casa de Marcos, había que seguir un camino hasta el final de la casa donde estaba el estudio, y una vez que entrabas era como una especia de templo artístico, todo el ambiente, el aire que se respiraba era arte, música, discos, cualquier cantidad de discos de proyectos de los 60s, 70s y 80s, libros, experimentos, proyectos, historias, y pare de contar.  Lo cierto es que entre conversas conectamos nuestros peroles e iniciamos la tarde ruidosa de ensayo.

Marcos estaba presente en el estudio siempre que ensayamos ahí, él se caracterizaba por disfrutar de los proyectos y no interrumpir la creatividad que estuviéramos sacando a relucir, pero siempre estaba presente para hacer alguna indicación o, si era necesario aportar su opinión. Nosotros éramos de más o menos unos 17 a 19 años promedio, algunos con muy poca experiencia, pero algo de rodado en el ambiente musical, y otros dando nuestros primeros pasos. Por ahí entre aquellos chamitos me encontraba yo tocando el bajo, a unos pocos metros de la planta, mientras que Julio estaba con su guitarra nueva matando fiebre justo al lado de una corneta grandísima, era una vaina estruendosa como sonaba esa guitarra en esa corneta.

Ya teníamos unas cuantas canciones recorridas, estábamos en medio de un derroche de inspiración justo cuando algo se movió, una vaina que venía en dirección hacia nosotros desde la corneta, Julio se agarró de la guitarra con el respectivo brinco y emotivo grito “¿marico que vaina es esa?”. Más atrás venia Marcos con las manos arriba “tranquilo tranquilo, ese es melodia, el perrito del estudio, a él le gusta acostarse dentro del parlante a descansar”. Ah bueno, entre pasar el susto, el chalequeo y los ataques de risas nos costó poder concentrarnos en lo que estábamos haciendo.

Creo que esta historia le paso a otros músicos que ensayaban en ese estudio, claro después del primer susto ya sabias que ahí estaba Melodia acostado y no era tanta la sorpresa. A menos que saliera justo en medio de una improvisación o algún momento en el que estabas muy concentrado en un solo, o algo por el estilo y te sorprendiera, pero ya debías estar prevenido. 

Este artículo fue desarrollado gracias a la contribución de Raymond Tiberio y Juan Luis Figueroa.

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